A.A.  V.V.    Pago Zárate  Maracena   Granada 

La importancia de los signos de puntuación
          Una idea de la importancia de los signos de puntuación en el significado de un texto nos la da la siguiente anécdota

          Soledad, Julia e Irene, tres hermanas jóvenes y bastante lindas, eran visitadas, mañana, tarde y noche por un caballero elegante y buen mozo que, sin declararse a ninguna de las tres, había conseguido enamorarlas de tal manera  que las disputas entre ellas eran constantes y amenazaban convertir la casa en un infierno; por lo que, de común acuerdo, acordaron exigirle que se decidiese por alguna de ellas a fin de saber a qué atenerse.
          Acosado el joven, prometió que lo haría en una décima que enviaría a cada una de ellas para que ellas mismas pusieran los signos ortográficos que desearan donde les pareciese mejor.

          Siento mucho desvanecer esa ilusión - dijo la bella Julia - pero soy yo la preferida, escuchad:

Tres bellas, que bellas son,
me han exigido las tres,
que diga de ellas cual es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón
digo que ¿Amo a Soledad?...
No. A Julia cuya bondad
persona humana no tiene.
No aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.
 

Décima:


Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cual es      

la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.
 

          Las dos estáis en un error - dijo Irene - es evidente que la que él ama soy yo, escuchad:

Tres bellas, que bellas son,
me han exigido las tres,
que diga de ellas cual es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,      

digo que ¿Amo a Soledad?...
No.  ¿A Julia cuya bondad
persona humana no tiene?...
No. Aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.

 

          Soledad que abrió su carta dijo a sus hermanas: "Hijas mías, la preferida soy yo, leyendo como sigue:

Tres bellas, que bellas son,
me han exigido las tres,
que diga de ellas cual es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
digo que amo a Soledad;
no a Julia, cuya bondad
persona humana no tiene;
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.

 

         Como quedaron igual que al principio pidieron que fuese él quien puntuase la décima, y el caballero la puntuó del siguiente modo:

Tres bellas... ¡que bellas son!
Me han exigido las tres,
que diga de ellas cual es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
digo que ¿Amo a Soledad?...
No. ¿A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene?...
No. ¿Aspira mi amor a Irene?:..
¿Qué?... ¡No!... Es poca su beldad.

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